ARMADA ESPAÑOLA

La Armada y, como elemento fundamental de ella, su Fuerza Naval, forman parte de las Fuerzas Armadas y, por tanto, del conjunto de instrumentos de los que dispone el Estado para garantizar nuestra Seguridad y Defensa. En este sentido, se puede decir que contribuye a alcanzar los objetivos estratégicos que se establezcan para la protección y fomento de nuestros intereses nacionales.

La Armada, junto con el Ejército de Tierra y el Ejército del Aire, tiene como misión constitucional “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Esta misión se desarrolla en la Ley Orgánica 05/2005 de la Defensa Nacional, donde se establece que:

  • "las Fuerzas Armadas contribuyen militarmente a la seguridad y defensa de España y de sus aliados, en el marco de las organizaciones internacionales de las que España forma parte, así como al mantenimiento de la paz, la estabilidad y la ayuda humanitaria.
  • las Fuerzas Armadas, junto con las Instituciones del Estado y las Administraciones públicas, deben preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas, conforme a lo establecido en la legislación vigente.
  • las Fuerzas Armadas pueden, asimismo, llevar a cabo misiones de evacuación de los residentes españoles en el extranjero, cuando circunstancias de inestabilidad en un país pongan en grave riesgo su vida o sus intereses".

Asimismo, la citada Ley Orgánica contempla los tipos de operaciones que pueden realizar las Fuerzas Armadas, “tanto en territorio nacional como en el exterior, que pueden conducir a acciones de prevención de conflictos o disuasión, de mantenimientode la paz, actuaciones en situaciones de crisis y, en su caso, de respuesta a una agresión”.

Por su parte, la Directiva de Defensa Nacional 2012 (DDN), que refuerza los aspectos más importantes de la defensa nacional en el contexto actual, subraya la necesidad de coordinar los instrumentos en manos de los diferentes departamentos ministeriales con el objetivo de lograr mayor eficacia en un momento de limitada disposición de recursos. Asimismo, destaca la necesidad de asegurar una España fuerte, que permita mantener la influencia necesaria en el escenario internacional para contribuir a la estabilidad y garantizar la defensa del territorio nacional, de la población y de los intereses de España.

La DDN subraya la necesidad de coordinar los instrumentos en manos de los departamentos con el objetivo de lograr mayor eficacia en un momento de limitada disposición de recursos.

En este orden de ideas, la DDN subraya la necesidad de “priorizar y preservar el grado de disponibilidad de las capacidades de las Fuerzas Armadas para:

  • ejercer la disuasión.
  • defender el territorio nacional.
  • vigilar los espacios marítimo y aéreo.
  • proyectar capacidad militar para defender nuestros intereses nacionales.
  • apoyar a las autoridades civiles en caso de emergencia.”

Por su parte, la publicación “Acción Conjunta de las Fuerzas Armadas” (PDC-01) establece las líneas de acción estratégico militares para el empleo de las Fuerzas Armadas: contribución militar a la disuasión y prevención de conflictos, el mantenimiento de la paz, actuaciones en situaciones de crisis y, en su caso, la respuesta a una posible agresión.

Estos cometidos de las Fuerzas Armadas son la base para que el JEMAD aborde el planeamiento militar. Mediante la Directiva de Planeamiento Militar (DPM), como responsable de la estructura operativa de las FFAA y conforme al nivel de ambición establecido, el JEMAD dispondrá las contribuciones de la Fuerza Naval a la Fuerza Conjunta y a los diferentes planes operativos permanentes y de contingencia, así como a los compromisos internacionales adquiridos.

El entorno estratégico

El mundo se encuentra en un continuo proceso de transformación debido a factores como la evolución constante de los centros de poder, la mayor competencia por los recursos energéticos o la mayor interdependencia económica. En este contexto estratégico, las tendencias que se identifican en el ámbito de seguridad y defensa son, entre otras, las que destaca la Directiva sobre el Concepto de Empleo de las Fuerzas Armadas del JEMAD: "la actuación de actores no estatales, los ataques cibernéticos, la proliferación de armas de destrucción masiva, la piratería, la extensión de movimientos y grupos fanatizados, inestabilidades regionales, crimen organizado a escala internacional, terrorismo e injerencia en los espacios globales no sometidos a soberanía estatal".

Se precisa para ello un enfoque integral de la seguridad nacional que englobe, además de la noción de la defensa nacional, aspectos políticos, diplomáticos, económicos y de toda índole

Estas tendencias dan lugar a nuevos riesgos y amenazas, que no pueden ser contrarrestados exclusivamente mediante los instrumentos utilizados tradicionalmente por los Estados. Se precisa para ello un enfoque integral de la seguridad nacional que englobe, además de la noción de la defensa nacional, aspectos políticos, diplomáticos, económicos y de toda índole. Asimismo, la frontera entre seguridad exterior e interior es cada vez más difusa y en ocasiones no es posible distinguir entre ellas. La seguridad y bienestar de España y de sus ciudadanos se determinan dentro y fuera de nuestras fronteras, dado el carácter transnacional de los desafíos de seguridad. España se proyecta hacia el exterior para exportar estabilidad en un mundo cambiante sobre el que desea influir para preservar sus intereses nacionales. Entre los muchos instrumentos con los que cuenta el Estado se encuentra la Fuerza Naval, que integra sus actuaciones de acuerdo con el marco legal y las líneas de acción establecidas en los conceptos estratégicos superiores.

Ante esta alteración de las condiciones de seguridad, la DDN establece que España debe “garantizar la permanencia de los valores recogidos en la Constitución, su seguridad geoestratégica, la de sus ciudadanos, la de sus empresas, la de las materias primas que sostienen su forma de vida, frente a las amenazas que se ciernan”. Además, España debe estar preparada para contribuir a la estabilidad de determinadas regiones del mundo, como el mar Mediterráneo o Iberoamérica, con las que existe una intensa vinculación, el Sahel o el Oriente Medio.

La defensa y fomento de estos intereses es un objetivo primordial de la Seguridad Nacional, que es definida en la Estrategia de Seguridad Nacional 2013 como “la acción del Estado dirigida a proteger la libertad y el bienestar de sus ciudadanos, garantizar la defensa de España y sus principios y valores constitucionales, así como a contribuir junto a nuestros socios y aliados a la seguridad internacional en el cumplimiento de los compromisos adquiridos.”

Al referirse a la Defensa Nacional, la Estrategia de Seguridad Nacional identifica como su objetivo “hacer frente a los conflictos armados que se puedan producir como consecuencia tanto de la defensa de los intereses o valores exclusivamente nacionales en los que se intervendría de manera individual, como de la defensa de intereses y valores compartidos en virtud de nuestra pertenencia a organizaciones internacionales tales como la ONU, la OTAN o la UE, en los que se intervendría conforme a sus tratados constitutivos junto con otros aliados o socios”.

La Alianza reconoce la necesidad de profundizar en los aspectos de prevención de conflictos y de cooperación internacional con otros países y organizaciones para mejorar la seguridad internacional.

Más concretamente, de acuerdo con la DDN, “la Alianza Atlántica permanece como el vínculo de seguridad y defensa colectiva más apropiado para España”. Con la aprobación del último Concepto Estratégico, la Alianza reconoce la necesidad de mantener su capacidad de respuesta mediante el despliegue de fuerzas militares allí donde los intereses aliados estén amenazados, y de profundizar en los aspectos de prevención de conflictos y de cooperación internacional con otros países y organizaciones para mejorar la seguridad internacional. Asimismo, en el ámbito europeo, el Tratado de Lisboa supuso un impulso a la Política Común de Seguridad y Defensa, donde se abre la puerta al desarrollo de una auténtica defensa europea.

El medio marítimo

La mar representa dos tercios de la superficie de la Tierra, mientras que aproximadamente tres cuartas partes de la población mundial vive en una franja de 150 kilómetros desde la costa. En la mar no existen fronteras físicas, lo que permite el desarrollo de actividades y la circulación de flujos de toda índole. La alta mar es, al igual que el espacio y el ciberespacio, un medio estratégico común donde ninguna nación puede reclamar derechos soberanos.

Debido a sus características, la regulación en el medio marítimo es menor que en el terrestre o el aéreo y, por tanto, los riesgos y amenazas a la seguridad se pueden propagar de forma relativamente fácil y rápida. Así, junto a las actividades lícitas que se realizan en la mar, se han intensificado también las ilícitas o criminales que aprovechan las particularidades del medio para su desarrollo, y que están relacionadas con el tráfico de drogas, la inmigración ilegal o la piratería. Es especialmente preocupante que grupos terroristas, de origen nacional o transnacional, puedan aprovechar la libertad de movimientos que ofrece este medio. Todo ello ha hecho despertar la necesidad de acentuar la Seguridad Marítima, entendida como la forma de hacer compatible la libertad de navegación con la seguridad en la mar para imponer el respeto a la Ley, proteger a los ciudadanos y salvaguardar nuestros intereses, a fin de hacer frente a estas amenazas y proteger los intereses marítimos nacionales.

Debido a su situación geográfica, su dependencia de las comunicaciones marítimas y la importancia del sector marítimo en la economía nacional, la seguridad marítima es vital para España. Situada entre el Atlántico y el Mediterráneo, país ribereño de uno de los estrechos con mayor tráfico marítimo del mundo, con los archipiélagos canario y balear y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, España es una nación con una gran vinculación a la mar.

Así lo reconoce también la Estrategia de Seguridad Nacional, que destaca, entre sus líneas de acción estratégicas, la necesidad de impulsar una política de seguridad en el espacio marítimo, mediante la adopción de un enfoque integral y la potenciación de la acción coordinada y cooperativa de los distintos departamentos, organismos y agencias de las Administraciones Públicas relacionadas con el entorno marítimo. Todo ello a través de la optimización y uso eficaz de los recursos, y con la finalidad de defender los intereses nacionales en este ámbito.

La Estrategia de Seguridad Nacional destaca la necesidad de impulsar una política de seguridad en el espacio marítimo, mediante la adopción de un enfoque integral y la potenciación de la acción coordinada y cooperativa de los distintos departamentos, organismos y agencias de las Administraciones Públicas relacionadas con el entorno marítimo

Estos intereses marítimos nacionales están expresamente identificados en la Estrategia de Seguridad Marítima Nacional:

  • "el cumplimiento de la legislación nacional y el Derecho Internacional en los espacios marítimos bajo nuestra soberanía y jurisdicción, así como el respeto a las normas internacionales en alta mar en cumplimiento de los compromisos internacionales adquiridos por España.
  • la protección de la vida humana en la mar.
  • la libertad y la seguridad en la navegación.
  • el comercio y el transporte marítimos.
  • la industria naviera y otras industrias marítimas.
  • la seguridad de los buques bajo pabellón español (flotas mercante, pesquera y de recreo).
  • los puertos y las infraestructuras marítimas, incluyendo las instalaciones alejadas de la costa, oleoductos, tuberías bajo el agua y cables submarinos, así como las infraestructuras críticas situadas en la costa.
  • los recursos del medio marino (recursos vivos y no vivos).
  • el medio ambiente marino.
  • el patrimonio arqueológico subacuático".

Para el desarrollo e implementación de esta Estrategia se ha creado el Consejo Nacional de Seguridad Marítima que, representando a todos los actores presentes en la mar, debe constituirse en el motor que materialice las líneas de acción estratégicas citadas para proteger estos intereses marítimos mediante una plan de acción específico que desarrolla una serie de acciones derivadas de dichas líneas.

Este mismo análisis del espacio marítimo lo realizan otras naciones y organizaciones de defensa de nuestro entorno, que han desarrollado nuevas estrategias para hacer frente a esta situación cambiante. Así, la Estrategia Marítima Aliada de 2011 establece unas nuevas misiones o “roles” para las fuerzas navales, entre las cuales, además de la Disuasión y Defensa colectiva y la Gestión de Crisis, se incluyen la Seguridad Marítima y la Seguridad Cooperativa.

Por su parte, en el ámbito de la Unión Europea, el Tratado de Lisboa ha estimulado iniciativas de carácter transversal, como es el caso de la Estrategia de Seguridad Marítima de la Unión Europea de 2014, donde se persigue la integración coherente de políticas y reglamentaciones sectoriales, incluyendo una mejor colaboración cívico-militar, para aumentar la eficacia y la eficiencia de las acciones en el terreno de la Seguridad Marítima.

En el plano estrictamente militar, se aprecia que las potencias emergentes y otras naciones desarrollan programas navales para equiparse con modernos buques de guerra, incluyendo submarinos. Es de destacar la amenaza potencial que pueden presentar marinas de pequeña entidad, o incluso actores no estatales, especialmente en operaciones en la zona litoral. Esta amenaza puede materializarse en forma de submarinos convencionales, silenciosos y capaces de negar localmente el Control del Mar; o también mediante el recurso al minado, que puede resultar muy efectivo con un bajo coste.

En resumen, estos programas están potenciando las capacidades de algunos actores por lo que la libertad de movimientos para las fuerzas navales en ciertos escenarios litorales no será en el futuro tan fácil como ha podido ser en crisis y conflictos recientes. Esta preocupación tiene reflejo en algunos documentos doctrinales de marinas occidentales. (En el Naval Operations Concept 2010 de la marina estadounidense se refieren las capacidades A2/AD Anti-Access and Area Denial como especial preocupación en escenarios litorales. Como respuesta conceptual las FAS norteamericanas están trabajando en el concepto denominado Air-Sea Battle, que busca tomar medidas conjuntas para enfrentar la amenaza A2/AD y poder alcanzar el Control del Mar).

Y es en este complejo entorno estratégico, común a otros actores, y con el medio marítimo como aspecto diferencial, donde se desarrollarán la mayoría de las operaciones navales en las que participará la Armada. Mediante ellas contribuirá, junto al resto de las Fuerzas Armadas, a garantizar la defensa de nuestros intereses nacionales materializando así la aportación de la Fuerza Naval al esfuerzo conjunto.

La Armada tiene hoy 21 buques en la mar y 2.890 personas navegando o desplegadas fuera de sus bases.

Post