MEDITERRANEO AMENAZADO

Sobreexplotación, contaminación, llegada de especies invasoras y aumento de temperaturas debido al cambio climático son algunas de las causas que sitúan al Mediterráneo como el ecosistema más amenazado del planeta, según un estudio coordinado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). "Probablemente estas amenazas crecerán en un futuro, especialmente las asociadas al cambio climático y la degradación del hábitat"

"El Mediterráneo es la región con mayor número de especies invasoras", un total de 637. Aproximadamente un cuatro por ciento de todas las especies que habitan en esa zona, y casi tres veces más que la parte europea del Océano Atlántico, la segunda con mayor número de invasoras.

Los investigadores creen que la mayoría de estas especies proceden del Mar Rojo y que entraron a través del canal de Suez.

El Mediterráneo no es sólo el ecosistema más amenazado, también es el cuarto con más biodiversidad del mundo tras las aguas australianas, japonesas y chinas. Cuenta con unas 17.000 especies marinas descritas hasta la fecha y zonas de elevada concentración de especies en peligro o de importancia ecológica.

 

Más de la mitad de las especies de tiburones, rayas y quimeras del Mediterráneo se encuentran en peligro de extinción

A pesar de las medidas adoptadas a nivel regional para reducir la sobreexplotación de tiburones en los últimos 10 años, la última revisión de la Lista Roja de tiburones, rayas y quimeras del Mar Mediterráneo ha revelado que al menos el 53% de ellos se encuentran en riesgo de extinción, y requieren acciones urgentes y concretas para preservar la integridad de sus poblaciones y sus hábitats.

 Blue shark La evaluación regional de 2016 actualiza la última realizada por UICN hace diez años. Esta última incluye en su evaluación a 73 especies de tiburones, rayas y quimeras y destaca que al menos la mitad de las rayas (50%, 16 de 32 especies), y el 56% de los tiburones (23 de 41), se encuentran en alto riesgo de extinción, mientras que la única especie de quimera (Chimaera monstrosa) tiene la categoría de Preocupación Menor en el Mediterráneo.

Además, durante el último medio siglo, 13 especies se han extinguido localmente en varios lugares en el Mediterráneo. Geográficamente, se ha constatado un mayor número de extinciones locales, más frecuentes en aguas del noroeste mediterráneo de España, Francia e Italia, así como en las aguas de los países ribereños del mar Adriático y del noroeste de África. Esta reducción alarmante del número de especies, más pronunciada en esta zona del Mediterráneo, está vinculada a la actividad pesquera más intensiva y en especial a la captura accidental.

Los tiburones ángel forman parte de una de las familias de condrictios más amenazadas (Squatinidae), así como los peces sierra (Pristidae) y los peces guitarra (Rhinobatidae).

Esta evaluación se ha llevado a cabo en colaboración con científicos del Grupo de Especialistas de Tiburones de UICN, el Programa Global de Especies de la UICN y expertos de la región del Mediterráneo. El informe resume la información disponible sobre las especies de peces cartilaginosos que se encuentran en el Mediterráneo con el fin de promover acciones de conservación para preservar las más amenazadas.

 

Primeras señales de reducción de las poblaciones de caballitos de mar y peces aguja en el Mediterráneo

Los peces syngnathiformes son especies únicas, cuyos machos gestan y dan a luz a las crías. De acuerdo con la Lista Roja de Especies Amenazadas™, casi el 15% de las especies de los caballitos de mar evaluados se encuentran en la categoría “Casi Amenazados” en el Mediterráneo, lo que significa que si continúa la tendencia actual, pronto serán amenazados con la extinción. Más de la mitad de estas especies carecen de información suficiente para estimar su riesgo de desaparición. Por ello, se requiere urgentemente mayor investigación para conocer su distribución, las tendencias de su población, las amenazas y determinar si requieren acciones de conservación concretas.

Hippocampus guttulatus FM090©Robert Patzner

 Los caballitos de mar y los peces aguja están amenazados principalmente por la pérdida y degradación del hábitat causado por el desarrollo costero y el uso de artes de pesca destructivas, como las redes de arrastre y dragas. También quedan atrapados por la captura incidental en las pesquerías de arrastre y en ocasiones son retenidos y se destinan a la venta en acuarios, para medicinas tradicionales, y como amuletos curiosos y religiosos.

Para hacer frente a estas amenazas crecientes, las dos especies consideradas como “Casi Amenazadas” en el Mediterráneo (Hippocampus hippocampus e Hippocampus guttulatus) con un declive de 20-30% de sus poblaciones en las dos últimas décadas, se encuentran protegidas a través de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y el Anexo II del Protocolo sobre las Áreas Especialmente Protegidas y de Diversidad Biológica del Convenio de Barcelona. Además, algunos países mediterráneos, como Eslovenia, las protegen específicamente en su legislación.

Desafortunadamente, estas regulaciones no son suficientes para abordar temas como la captura incidental o los daños a los hábitats causados por el arrastre y los dragados. Es necesario hacer cumplir y ampliar las restricciones a esas actividades.

 

El organismo vivo más grande del mundo se mueren La desaparición de la posidonia oceánica amenaza el equilibrio del Mediterráneo occidental.

El organismo vivo más grande del mundo es una planta de posidonia oceánica de ocho kilómetros de longitud. Lleva aquí desde hace 100.000 años, cuando Europa estaba habitada por neandertales. Vive a una media de 18 metros de profundidad, entre las islas de Ibiza y Formentera, y se muere. Si nadie lo remedia, eso sucederá en menos de diez años, según una previsión del biólogo marino Manu San Félix. Con ella morirá uno de los mayores pulmones de absorción de CO2 del mundo, y miles de especies del Mediterráneo occidental desaparecerán para siempre.

fanerogamas-marinas-paderas-posidonia

En el año 2006, los tentáculos de este organismo se extendían por un área de 700 kilómetros cuadrados, en la que vivían hasta cien millones de ejemplares, convertidos en la guardería de un millar de especies que llevan siglos criando entre sus hojas a sus alevines, o poniendo sus huevos. Entre ellos las esponjas, las estrellas de mar, moluscos, centenares de peces, caballitos de mar, lubinas, morenas, doradas o pargos. Entre 2008 y 2012, según un estudio realizado por la consultoría ambiental Oceansnell y el centro Vellmarí, en algunas áreas había desaparecido hasta un 44% de su extensión y 300 millones de plantas. Hoy se desconoce cuánto sobrevive de aquel descubrimiento mundial realizado hace diez años por científicos del CSIC, en colaboración con la Universidad de les Illes Balears, y otras de Portugal, el Caribe y Estados Unidos, debido a la permanente mutilación a la que es sometida por uno de sus mayores enemigos: las embarcaciones de recreo.

Lo que a 18 metros de profundidad es un bosque submarino capaz de generar su propio ecosistema, en su superficie es la autopista marítima más poblada del Mediterráneo. Miles de embarcaciones circulan a diario durante los meses de julio y agosto entre Ibiza y Formentera para acudir, entre otros destinos paradisíacos, a la playa de Illetes, en pleno Parque Natural de ses Salines, calificada por diversos organismos como la mejor playa de Europa y la séptima del mundo. Sus anclas, y las cadenas que las acompañan, trabajan como excavadoras sobre el lecho marino, deforestando, en el caso de las grandes embarcaciones de entre 40 y 100 metros, que portan anclas de 200 kilos y cadenas de cien metros, áreas del tamaño de canchas de baloncesto.

Manu San Félix, con más de una década a sus espaldas en la lucha por la protección de esta planta, cifra en un centenar el número de embarcaciones de gran eslora que circulan a diario en los meses de julio y agosto sobre la pradera, lo que podría haber provocado la 'deforestación' de hasta 720.000 metros cuadrados de posidonia oceánica, el equivalente a 72 campos de fútbol.

Y eso solo en el caso de Ibiza y Formentera. Las últimas mediciones, de hace diez años, cifraban en 50.000 kilómetros cuadrados la posidonia que sobrevivía en el Mediterráneo. El 5% se encuentra en Baleares. Un estudio publicado en Nature apuntaba que las praderas podían producir anualmente pesca, materia orgánica, protección de costas, y otros bienes por valor de 14.500 euros por hectárea y año. Y una investigación del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA) y de la Fundación BBVA apunta que las praderas submarinas del Mediterráneo absorben medio millón de toneladas de CO2 al año, y generan entre cuatro y 20 litros de oxígeno diarios por metro cuadrado. «A la posidonia se lo debemos todo, hasta el aire que respiramos», apunta San Félix.

 

Plásticos o redes de pesca, un grave problema para el fondo marino de Europa

Un estudio, dirigido por la Universidad de las Azores, ha tomado muestras en 32 puntos de los fondos marinos de Europa y la conclusión es preocupante: el fondo del mar es un auténtico vertedero que acumula toneladas de basura. El cañón de Lisboa o el de Blanes (Costa Brava) son algunos de los lugares más contaminados. Botellas, bolsas de plástico, redes de pesca y toda clase de desechos de origen humano afectan al fondo marino europeo.

Resultado de imagen de plasticos en el mar mediterraneo

 Lo intuíamos, pero ya está confirmado: el fondo del mar es un auténtico vertedero que acumula toneladas de botellas, bolsas de plástico, redes de pesca y toda clase de desechos de origen humano. 

Un equipo internacional de científicos ha estudiado las profundidades del océano y ha localizado residuos a lo largo de todo el Mediterráneo, el Ártico y el Atlántico, desde la plataforma continental europea hasta la dorsal mesoatlántica (la cordillera submarina que divide el océano de norte a sur y que se encuentra a unos 2.000 kilómetros de la costa). 

El estudio, dirigido por la Universidad de las Azores, y publicado en Plos One, es resultado de la colaboración de dos trabajos de investigación: el proyecto Mapping the Deep Project, liderado por la Plymouth University, y el proyecto europeo Hermione, coordinado por el National Oceanography Centre del Reino Unido. 

La basura es un grave problema en el ecosistema marino, ya que algunos animales la confunden con comida y la ingieren. Los animales mueren ahogados por los microplásticos o por la desnutrición provocada por la obstrucción de sus estómagos. 

Además, los corales y los peces pueden quedar atrapados en los aparejos de pesca y en las redes abandonadas, un fenómeno denominado 'pesca fantasma'. Para realizar el estudio, los científicos tomaron muestras en el Atlántico, el Ártico y el Mediterráneo en profundidades que van desde los 35 a los 4.500 metros. 

Para hacer el muestreo, los investigadores lanzaban una red de malla fina y de cada captura clasificaban, por un lado la biomasa, y por otro, la basura, separándola a su vez por tipos: plástico, metal, cristal, aparejos de pesca, u otro tipo de basura. 

Según el investigador del CSIC en el Instituto de Ciencias del Mar, Joan Company, la situación del Mediterráneo es "preocupante", ya que "en algunos puntos hemos extraído más basura que biomasa". 

"Hemos hallado desde lavabos de cerámica enteros hasta la caja de la balsa salvavidas de un F-15 (un avión militar)", lamenta. 

Según este investigador, gran parte de la basura llega al mar a través de los ríos, y después de pasar por la plataforma continental, desciende por el talud continental y se acumula en las zonas donde la pendiente es menor". El estudio traza el camino que pueden tomar los plásticos, desde su origen en tierra firme o en la costa, transportados a través de las plataformas continentales hasta aguas profundas. 

Los investigadores explican que los cañones submarinos forman la principal conexión entre las aguas de la costa y el mar profundo. Son cañones que están localizados junto a las principales ciudades costeras, como el de Lisboa (Portugal) o el de Blanes (frente a la costa de Barcelona), que pueden canalizar los desperdicios directamente a aguas profundas de 4.500 metros. 

Los científicos hallaron basura en todos los emplazamientos estudiados, siendo el plástico el material más común (40%), seguido de los aparejos de pesca (34%), vidrio, metal, madera, papel, ropa, vasijas y otros materiales sin identificar. "La gran cantidad de desperdicios que llega al fondo oceánico profundo es un grave problema" que exige emprender acciones para evitar que siga en aumento, advierten los investigadores. 

 

Redes de pesca fantasma

Las grandes redes, trampas, flotadores, cuerdas y otros aparejos de pesca que se rompen, se abandonan o se pierden como consecuencia de tormentas, corrientes y otros imprevistos constituyen un 10% de los residuos marinos, aproximadamente unas 640.000 toneladas, según denuncia un informe presentado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUD).

Resultat d'imatges de redes fantasmas en el mediterráneo

La FAO y el PNUD califican estas artes de ‘redes fantasma’ porque siguen capturando y matando incontables animales (peces, tortugas, aves marinas y mamíferos marinos) mucho tiempo después del final de su vida útil. La introducción de materiales sintéticos de gran duración, pues las redes actuales podrían resistir imperturbables hasta 600 años, está incrementando el problema en las últimas décadas.

El estudio dice que las redes y los aparejos no solo tienen un impacto muy considerable sobre el medioambiente marino, especialmente en los fondos, sino también sobre la navegación marítima y sobre la propia actividad pesquera.

En el pasado, prosigue el informe, las redes de arrastre eran las principales responsables del problema, pero su prohibición en muchas áreas a partir de 1992 redujo su contribución a la ‘pesca fantasma’. Actualmente, las peores afectaciones son debidas a las llamadas redes agalleras o de enmalle, en las que el borde inferior es anclado al suelo marino y se elevan con flotadores colocados en su borde superior. Una vez desplegadas, forman una pared vertical de red que puede medir de 600 a 10.000 metros de largo. “Si una red agallera es abandonada o perdida, puede continuar pescando sola durante meses e incluso años”, subrayan la FAO y el PNUD.

 

La sobreexplotación y el cambio climático amenazan a la sardina El mar se está quedando sin la especiey el problema afecta a todo el Mediterráneo, aunque en la costa de Tarragona y Castellón la situación es más que crítica.

Dónde están aquellas sardinas que medían un palmo y que, al ponerlas en la sartén, no necesitaban aceite porque se cocían con su propia grasa? Las capturas han caído en picado durante los últimos años –un 86% desde el 2008– y las sardinas son más pequeñas y tienen menos grasa. Se pegan a la sartén. La situación desesperada de los pescadores es el reflejo en tierra firme de un problema de magnitudes dramáticas bajo el agua.

El mar se está quedando sin sardinas y el problema afecta a todo el Mediterráneo, aunque en la costa de Tarragona y Castellón la situación es más que crítica. A la sobreexplotación pesquera registrada durante años, los científicos añaden otras amenazas de no menos calado: el calentamiento del agua y la disminución de las aportaciones de nutrientes de los grandes ríos ha alterado el plancton, el alimento de las sardinas, y éstas han tenido que adaptarse a un medio cambiante. Ahora parece que maduran antes y se reproducen más pronto.

Imatge relacionada

“Las sardinas son una especie clave para el ecosistema; si tenemos una población de sardinas disminuida y si además se reproducen antes y ponen menos huevos, la población es más inestable, la zona pelágica –a mar abierto, donde viven estos peces– es la más influida por las situaciones medioambientales cambiantes”, afirma Isabel Palomera, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar (ICM) del CSIC en Barcelona. Palomera, que ha dirigido varios estudios sobre esta especie, apunta que la Comisión General de Pesca del Mediterráneo, que realiza evaluaciones de las distintas especies y se reúne periódicamente en Roma lleva años alertando de la sobreexplotación, “pero nadie durante estos años ha hecho caso de las recomendaciones”. El último análisis ya se refería directamente a la necesidad de diseñar un plan para recuperar la sardina, que se está al borde del colapso.

Palomera es partidaria de organizar una moratoria, una veda que se acompañe de un seguimiento científico exhaustivo. “Y que dure lo que tenga que durar, pero hay que parar de pescar y, en todo caso, buscar compensaciones para el sector pesquero”, afirma. Y pone de ejemplo la gestión pesquera que se llevó a cabo en el Cantábrico, cuando, en el 2005, se dictó una moratoria y se dejó de pescar anchoas durante cinco años: “Hubo un seguimiento científico y cuando se aseguraron que la especie se había recuperado, en cantidad y en tamaño, se recuperó la actividad pesquera, pero eso requiere una regulación y una gestión”, añade.

En las costas de Tarragona, las capturas de sardina se dispararon durante los años noventa, cuando el resto de la flota catalana y también la valenciana y la andaluza comenzaron a faenar en esta zona. Aún así, en 1999, sólo la flota de la Confraria de Tarragona pescó 6,1 millones de kilos de sardinas. En el 2008 la cifra cayó a 1,7 millones y el año pasado se tocó fondo con 250.000 kilos.

El sector pesquero mira con atención el estudio que ha llevado a cabo el Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar (Ifremer) con la colaboración del propio sector. El proyecto Ecopelgol desmarca la drástica disminución de sardinas en el golfo de León de la mayor presencia de otros peces depredadores, como el atún; o de la presencia de agentes patógenos y atribuye la situación a la pérdida de calidad del plancton. “Las causas del problema son la sobrexplotación, se pesca demasiado y ejemplares demasiado pequeños, y las causas ambientales”, explica Josep Lloret, quien junto a Marta Muñoz, ambos biólogos marinos del Departament de Ciències Ambientals de la Universitat de Girona (UdG), participaron en el proyecto Ecopelgol con estudios relacionados con el efecto de los ríos y los vientos, y también sobre las consecuencias del incremento de la temperatura del agua.

“La situación del golfo de León es perfectamente exportable a la costa del norte de Castellón y Tarragona; el papel del Ródano y el Ebro es fundamental, cuanta más agua aportan, más nutrientes llegan al mar, que el río tenga un buen caudal es importantísimo”, explica Lloret, quien añade que, además, las temperaturas más altas del agua “parece que cambian la composición del plancton”. De estos estudios se desprende que “los ejemplares adultos no tienen la misma reserva energética, los huevos son de menor calidad y no pueden nadar tan rápido”.

Los primeros resultados del estudio Ecopelgol constatan que la biomasa (la cantidad de pescado que hay en el agua) de ejemplares adultos ha disminuido, mientras que la de las sardinas jóvenes crece. Y, al mismo tiempo, se observa que las curvas de crecimiento entre el 2009 y el 2012 es cada vez más lenta.

El equipo de investigación del ICM, en colaboración con el Instituto Español de Oceanografía, han solicitado una subvención al Ministerio de Economía y Competitividad para llevar a cabo un proyecto para estudiar la evolución de las poblaciones de las sardinas y las anchoas (que vive una problemática muy parecida) en toda la costa española del Mediterráneo tanto en abundancia como en condición física de los peces, “desarrollaremos modelos temporales y espaciales para predecir los efectos de la actual problemática”, espera Palomero.

 

Post